Alegoria de los Sentidos, Pieter Brueghel el Viejo, Peter Paul Rubens

La Vista, Esta escena sería la más bella de toda la serie, dedicándose Brueghel a la realización de los cuadros y demás objetos que llenan la estancia, mientras Rubens trabajaría en las dos figuras principales.En una amplia sala se sitúan Venus y Cupido, admirando un cuadro de temática religiosa. Tras ellos, se abre un arco que nos permite ver el paisaje del fondo, contemplándose unas construcciones y un pavo real junto a una fuente. En la zona de la derecha, vemos una galería en la que penetra un rayo de luz por un óculo, creando un sensacional efecto atmosférico. En primer plano observamos un buen número de cuadros – estando todos documentados – , junto a diferentes elementos que completan el bodegón: libros, medallas, flores, monedas, cerámica, etc. En la pared del fondo, junto a la maravillosa lámpara, apreciamos una amplia colección de bustos romanos, algunos de ellos ocultos por más lienzos. La tabla es una excelente muestra del interés por el coleccionismo que surge entre la nobleza y la burguesía flamencas durante el Barroco. Este coleccionismo fue impulsado por los Gobernadores españoles de los Paises Bajos, Isabel Clara Eugenia y Alberto de Austria, cuyo retrato vemos tras la diosa de la belleza, buen símbolo de la Vista.El estilo minucioso y detallista de Brueghel queda claramente patente en toda la serie, pero especialmente en esta escena, por la cantidad de detalles que se aprecian, tanto en los cuadros como en los demás objetos que se esparcen por el suelo. Las dos figuras recogen claramente el estilo de Rubens, cuya pincelada es más suelta.Toda la serie de los Cinco Sentidos estuvo colocada en el Alcázar de Madrid desde 1636, salvándose del incendio que destruyó el palacio de los Austrias en 1734.

El Gusto ha sido representado por una ninfa sentada a una mesa repleta de ricas y exóticas viandas, mientras un sátiro escancia el vino en su delicada copa. En primer plano se nos presenta un bodegón de caza, muy del gusto de la época en consonancia con los pintados por Frans Snyders. Al fondo se abre la estancia al valle del Voer en el que se enclava el castillo de Tervueren. Igual que ocurre en la Vista, la estancia se adorna con cuadros perfectamente identificados por los especialistas.

Rubens será el encargado en toda la serie de realizar las figuras mientras que Brueghel se ocuparía del atrezzo. El vibrante colorido, acentuado por el fogonazo de luz dorada, sitúa esta escena en la órbita de las grandes composiciones flamencas que tanto se apreciaban en España. Por eso, esta serie de los Cinco Sentidos decoró durante varios años alguna de las salas del Alcázar de Madrid, hasta su incendio en la Nochebuena de 1734.

El Oído está representado por instrumento musicales. Al fondo de la escena y en la zona de la izquierda contemplamos, gracias a la iluminación que penetra por una ventana que no vemos, un grupo de músicos cantando y tocando alrededor de una mesa. En primer plano, se sitúa Venus con un amorcillo también cantando, acompañados de un ciervo, símbolo del oído. El gesto de Venus, mirando al espectador, es una invitación para hacernos partícipes en el concierto. La estancia está presidida por una amplia galería de tres arcos de medio punto con tirantes que nos permiten observar los jardines del Palacio de Mariemont, residencia de descanso de los Archiduques Isabel Clara Eugenia y Alberto de Austria, gobernadores de los Paises Bajos y grandes mecenas. En las paredes de la estancia se aprecian numerosos cuadros, muestra del amplio gusto por el coleccionismo artístico desarrollado durante el Barroco Flamenco. En un aparente desorden podemos contemplar, distribuidos por el suelo de la habitación, una excelente colección de instrumentos musicales y de partituras.

La obra se considera colaboración entre Rubens – quien se encargaría de las figuras principales en las que muestra su estilo particular – y Jan Brueghel – ocupado de todos los demás elementos que configuran la escena, mostrando su calidad y preciosismo a la hora de realizar los detalles de los objetos -. La riqueza visual de este tipo de trabajos hace que sean de los más admirados por los numerosos visitantes del Museo del Prado.

El Tacto, Brueghel ha recurrido a un escenario similar a la gruta de Vulcano para situar la alegoría del Tacto. Las armaduras se amontonan en el primer plano mientras que Venus besa a un amorcillo, alegrando así la composición. Tras ella observamos algunos cuadros referentes a asuntos violentos en consonancia con las armaduras. Al fondo se encuentra la fragua con los herreros y una galería en cuyo fondo penetra la luz. Las diferentes sensaciones del tacto se presentan ante el espectador: la picadura de los escorpiones, la caricia del beso, la suavidad de las telas y el frío de las armaduras, transmitiéndose dolor y placer.
Esta escena alegórica del Tacto formaba parte de una serie dedicada a los Cinco Sentidos realizada por Brueghel con la inestimable colaboración de Rubens, muy habitual entre 1614 y 1618. Este tipo de cuadros, conocidos como Gabinetes de Pinturas, se pusieron muy de moda en el Barroco Flamenco para mostrar el gran interés de la nobleza y la burguesía hacia el coleccionismo de obras de arte, fomentado desde el mecenazgo de los Gobernadores Isabel y Alberto.

En el Olfato vuelven a mostrarnos a Venus y Cupido, como también ocurría en el Oido, en esta ocasión entre flores de diferentes tamaños, tipos y variedades. Al fondo se observan algunas construcciones y árboles. Brueghel ha ocultado cualquier alusión a los malos olores, triunfando los aromas procedentes de la floresta. La mofeta que se sitúa a los pies de la diosa no daña ni al sutil olfato del perro, quien mejor puede representar este sentido.
La gran afición de los flamencos a las flores está perfectamente recogida en esta tabla. De esta afición también participaban los archiduques Isabel Clara Eugenia y su esposo Alberto, quienes poseían un bello jardín con flora y fauna exótica en múltiples ocasiones visitado y representado por Brueghel. Se considera a este artista como el autor de toda la flora mientras que Rubens realizaría las figuras de Venus y Cupido y un ramo de flores que hay junto a ellos, debido a la factura más suelta empleada. La muestra de este jardín, con una delicadeza espléndida a la hora de realizar todas sus plantas, resulta totalmente ajena a toda ilusión religiosa o alegórica, por lo que invita a disfrutar de las fragancias de la naturaleza.

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/obras/1150.htm

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