Plaza de Mayo

La Plaza de Mayo, sitio fundacional de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, nació de la unión de las plazas de la Victoria y del Fuerte, al demoler en 1884, una construcción llamada Recova Vieja que las separaba.

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Un manifestante agita una bandera argentina en la Pirámide de Mayo, durante la marcha de los derechos humanos, al cumplirse 40 años del comienzo de la dictadura cívico-militar instalada el 24 de marzo de 1976.

Se encuentra en el denominado microcentro porteño, rodeada por las calles Hipólito Yrigoyen, Balcarce, Avenida Rivadavia y Bolívar del barrio de Monserrat. Nacen desde su lado oeste tres importantes avenidas: Presidente Julio A. Roca, Presidente Roque Sáenz Peña y Avenida de Mayo. En su entorno se encuentran varios de los principales monumentos y puntos de interés: el Cabildo histórico, la Casa Rosada (donde reside el Poder Ejecutivo de la Nación), la Catedral Metropolitana, el edificio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la casa central del Banco Nación.

Debajo de su terreno, de aproximadamente dos hectáreas, alberga a las estaciones de subte Plaza de Mayo (línea A), Catedral (línea D) y Bolívar (línea E) que junto con numerosas líneas de colectivos, brindan un fácil traslado a todos los rincones de la ciudad.

Caja de resonancia de las grandes manifestaciones populares del país, puede decirse que, salvo la Declaración de la Independencia y las batallas que se libraron para conquistarla, ha sido el escenario de todos los acontecimientos trascendentales a nivel nacional.1

El 25 de mayo de 1941 la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos encargó al escultor argentino Manuel Félix Vilaboa, la realización de una placa de bronce sobre el borde del cantero donde se encuentra la Pirámide de Mayo con una leyenda que sintetiza su historia:

En esta Plaza Histórica el fundador Juan de Garay plantó el símbolo de la justicia el 11 de junio de 1580. La Plaza Mayor fue desde entonces el centro de la vida ciudadana donde el pueblo celebró sus actos más solemnes como sus fiestas y expansiones colectivas. La Reconquista y la Defensa de la ciudad culminaron en la Plaza Mayor que se denominó Plaza de la Victoria. En 1810 fue el glorioso escenario de la Revolución de Mayo y en 1811 levantose en ella la Pirámide conmemorativa de la fecha patria: hechos trascendentales de la Historia Argentina se sucedieron en la Plaza de la Victoria. Aquí el pueblo de Buenos Aires juró la Independencia de la patria el 13 de septiembre de 1816 y la Constitución Nacional el 21 de octubre de 1860. El edificio de la Recova Vieja, demolida en 1884 fue un rasgo característico en los tiempos de la Independencia y de la Organización Nacional.

Historia

Sus orígenes

Según las Ordenanzas de Descubrimiento y Población que en 1573 Felipe II promulgó estableciendo como debían ser las ciudades, calles y plazas americanas; el perímetro de la Plaza Mayor debía ser rectangular con un largo de una vez y media su ancho. Sin embargo, cuando el 11 de junio de 1580 Juan de Garay fundó la actual Buenos Aires, destinó a plaza pública un cuadrado de 140 varas de lado llamándola Plaza Mayor o Plaza Grande, que era la mitad del actual tamaño de la Plaza de Mayo (2 ha), y ocupaba la manzana comprendida entre las calles que en la actualidad se llaman Avenida Rivadavia, Hipólito Yrigoyen, Bolívar y Defensa.

Nombres que recibió la plaza:
Año Sección Oeste Sección Este
1580 Plaza Mayoro Grande
1583 Solar delAdelantado
1608 Solar de losJesuitas
1661 Plaza de Armas, delFuerte o del Mercado
1808 Plaza de laVictoria
1811 Plaza 25 de Mayo
1884 Plaza de Mayo

La otra manzana, es decir, la que forman las calles Balcarce, Hipólito Yrigoyen, Rivadavia y Defensa, se la dio en propiedad a Juan Torres de Vera y Aragón quien jamás edificó en ella, dejándola en total abandono hasta que en 1608 el procurador general pidió que fuera destinada a plaza. Pero en ese año los padres jesuitas, con el permiso del gobernador Hernando Arias de Saavedra, se posesionaron de la parte norte y levantaron una pequeña capilla y unos ranchos, orígenes del templo de San Ignacio.

En 1617, nuevamente a instancias de Arias de Saavedra, los jesuitas abrieron un colegio y ampliaron la iglesia.

Dos años después, el gobernador Juan Alonso de Vera y Zárate, heredero del Adelantado del Río de La Plata, Torres de Vera y Aragón, hizo levantar unas casas de viviendas frente a la capilla, quedando separadas de ésta por un callejón. Pero quien las construyó no recibió la paga estipulada por lo que acusó al gobernador, quien al perder el juicio tuvo que rematar el terreno que le pertenecía y venderlo en 1634 a don Pedro de Rojas y Acevedo, cuya viuda la donó en 1645 a los jesuitas. En 1649 los herederos de Vera y Zárate cedieron sus derechos a los mismos padres, con lo que éstos vinieron a quedar dueños legales de toda la manzana.

Pero como los edificios, además de su fealdad, obstruían el campo de tiro de la Fortaleza que estaba instalada al este, frente a la costa del Río de la Plata, e impedían maniobrar a la artillería en caso de ataque, el gobernador don Alonso Mercado y Villacorta resolvió comprarles en 1661 la manzana en cuestión y demoler las construcciones existentes. De esta manera quedó un nuevo terreno entre el Fuerte y la Plaza Mayor al que se denominó Plaza de Armas, y que era un simple hueco o baldío. Sin embargo, las paredes de adobe de la iglesia continuaron allí y sirvieron en 1680 para que se alojara un piquete de tropas llamado de San Martín cuya finalidad era actuar contra los nativos pampas. A partir de 1695 vivía allí el Fiel Ejecutor que debía cuidar que los productos que se vendían en la plaza tuvieran el peso y precio que les correspondía. En 1717 también sirvieron como cochera de las autoridades eclesiásticas y años después también como cochera de gobernadores y de virreyes. En 1800 el estado de la construcción era deplorable y se demolió recién en 1822, quedando un terreno sin un solo árbol, que era cruzado por personas caballos y carros y se convertía en un lodazal con las lluvias.

La Recova y la Pirámide

La Recova Vieja, en 1864.

En 1763, el acaudalado don Francisco Álvarez Campana propuso al entonces gobernador Pedro de Cevallos construir por su cuenta una recova que dividiera en dos mitades a la plaza y fuera destinada a comercios y puestos para la venta. Pero no fue hasta 1803 que se comenzaron los trabajos, durante el gobierno del virrey del Pino. La tarea fue encomendada al Maestro de Obras Agustín Conde. Se realizó con ladrillos cocidos que fueron fabricados del mismo tamaño para toda la obra, lo que resultó ser una novedad ya que hasta ese entonces no se tenía ese cuidado. La formaban cuarenta cuartos cuyas puertas miraban la mitad hacia el este y la otra mitad hacia el oeste. Al principio constaba de dos cuerpos separados por un callejón, cada uno de ellos formado por 11 arcos, pero en 1804 se unieron por un gran arco central, obra de Segismundo y Zelada, al que se dio en llamarse de los Virreyes y que rompió la monotonía del conjunto. Resultó entonces una construcción de estilo clasicista, de orden dórico. En ese lugar se instaló la horca, que hasta ese entonces se encontraba frente al fuerte. Además, en este mismo año, el virrey Rafael de Sobremonte ordenó que los vecinos a la Plaza Mayor levantaran arquerías frente a sus edificios para que unificaran sus fachadas con el estilo de la del Cabildo y la Recova.

Plaza de la Victoria (1867).

De esta manera la plaza quedó dividida por esta construcción que se extendía de norte a sur sobre la plaza del Fuerte, siguiendo la línea de la actual calle Defensa, desde los Altos de Escalada (año 2007: AFIP) hasta el Teatro Coliseo (luego Colón y hoy día Banco Nación). No tenía los servicios de higiene elemental y en ella se instalaron todo tipo de negocios, desde zapatería a ropa pasando por carne y verduras. El Cabildo cobraba para sí el alquiler de los cuartos. La división de la Plaza Mayor “la cambió mucho, reduciendo el campo visual, y la pared corrida con bancos de material, que edificó Segismundo sobre la ceja del foso de la fortaleza, la embellecía, ocultando aquellas hondonadas sucias y húmedas, donde los pilluelos y los soldados se ocultaban a jugar a los naipes.”

La sección oeste frente al Cabildo se siguió denominando Plaza Grande o Mayor y después de las invasiones inglesas de la Victoria. La sección frente al fuerte, donde actualmente se halla la Casa de Gobierno o Rosada, fue llamada Plaza del Fuerte, de Armas, del Mercado, y en 1811, 25 de Mayo. Se trataba de un terreno sin árboles en el que se estacionaban los carros que vendían frutas, verduras, pescados y velas.

En 1805 el Cabildo mandó construir en la arcada central del conjunto una alcantarilla que se unía a un sendero de piedra hasta el puente levadizo del Fuerte. Se dispuso además que las carretas dejaran de estacionarse en la plaza.

El 25 de mayo de 1811, como parte del programa de festejos para conmemorar el primer aniversario de la Revolución de Mayo, se resolvió erigir, en el centro de la Plaza de la Victoria, una construcción de ladrillos, hueca, parecida a un obelisco, pero que a pesar de tener dicha forma con el tiempo se la conoció con el nombre de Pirámide de Mayo.

En 1818 se inició la construcción de otra recova sobre la calle del Cabildo (en la actualidad: Hipólito Yrigoyen), con lo cual la anterior pasó a llamarse Recova Vieja.

Plaza 25 de Mayo (1867).

En 1856 Prilidiano Pueyrredón remozó la Pirámide, en aquel entonces situada en el medio de la Plaza de la Victoria, revistiéndola con ladrillos y argamasa y colocándole una estatua de la Libertad en su ápice. También, en la misma plaza, instaló asientos, pavimentó, formó jardines y plantó trescientos paraísos (melia azedarach) en hilera. A su alrededor, una cadena que iba de poste en poste sólo permitía el paso de los peatones por unos molinetes habilitados a tal efecto, resguardándose así la integridad del paseo de los animales sueltos y del paso de los vehículos. Este nuevo modelo para la Plaza de la Victoria, que la transformaba en un espacio verde de esparcimiento y distracción y dejaba para la historia su uso comercial, fue inmediatamente imitado en las demás plazas de la ciudad. El 25 de mayo se iluminó con gas el Cabildo, La Catedral, la Municipalidad, La Recova y el Fuerte.

En los dos años siguientes se empedró la vereda en todo su contorno y frente a la Catedral con piedra importada de Brasil y se colocaron los primeros bancos o poyitos de ladrillo. Al poco tiempo, a pedido de la población, se agregaron otros de mármol blanco.

La plaza en 1864. En el fondo puede verse la recova nueva.

Durante la época de Juan Manuel de Rosas el país atravesaba serias dificultades económicas motivo por el cual se sacaron a venta pública varias propiedades del estado, entre las que se encontraba la Recova Vieja. Se efectuó una subasta el 27 de octubre de 1835 y la mejor oferta la hizo don Manuel Murrieta, pero no fue aceptada. Entonces se resolvió venderla particularmente, y el 29 de septiembre de 1836 la compró don Tomás de Anchorena. Permaneció en poder de esa familia hasta 1883. En este año el intendente Torcuato de Alvear solicitó al arquitecto Juan Antonio Buschiazzo su demolición como parte de varias modificaciones que se efectuaron a la plaza con la idea de convertirla en un lugar más apto para las necesidades de la población y de su importancia, tanto política como social. Fue entonces expropiada por la Municipalidad y demolida por orden del intendente Torcuato de Alvear en 1884. Se utilizaron setecientos obreros que realizaron la tarea en nueve días. Años más tarde la familia Anchorena ganó un juicio por el cual la Municipalidad debió compensarla con una alta cifra de dinero.

Estatua ecuestre de Manuel Belgrano.

Fue así como a partir del 17 de mayo de 1884 las dos plazas quedaron unidas bajo la denominación única de Plaza de Mayo. Se levantó entonces el empedrado de la calle Defensa en la sección que cruzaba la plaza y se quitaron los rieles del tranvía que en aquel entonces era a caballo. En 1890 dicha calle quedó definitivamente incorporada al paseo.

En 1870, se nombró una comisión integrada por el general Bartolomé Mitre, don Enrique Martínez y don Manuel José Guerrico, encargada de erigir un Monumento ecuestre al General Manuel Belgrano. Esta comisión encomendó al escultor francés Albert-Ernest Carrier-Belleuse la ejecución de la estatua del prócer, quien a su vez confió a Manuel de Santa Coloma la realización del caballo. Este escultor fue el primer argentino en nacer en una delegación diplomática nacional en el extranjero y la escultura del caballo se convirtió en el primer monumento realizado por un escultor argentino. El monumento fue inaugurado por Domingo Faustino Sarmiento el 24 de septiembre de 1873. Irónicamente Sarmiento había señalado años antes al tío del escultor, Martín de Santa Coloma, a Urquiza, para que lo degollase en Caseros.

La estatua ecuestre representa a un caballo moro en vez de a uno criollo pues a pesar de su nacionalidad Coloma nunca estuvo en la Argentina y no conocía este último tipo de caballos. Hasta 1886 se encontraba en el centro de la Plaza 25 de Mayo mirando al oeste, pero después de ese año se la trasladó frente a la recientemente construida Casa de Gobierno, que sustituyó al Fuerte, y se la orientó hacia el norte.

También en 1870 se emplazaron en la Plaza de la Victoria, al este y oeste de la Pirámide, dos fuentes que habían sido adquiridas un par de años antes y que aún existen pero ya no en la plaza sino en la intersección de las avenidas 9 de Julio y Córdoba. Debido a que el país carecía de afamados escultores y a los altos costos de mármoles y bronces originales, el gobierno había optado por adquirir réplicas, siendo las dos fundiciones artísticas que ofrecieron menor precio Du Vall D´Osne y Sauvageau. Como el fundador de la primera había recibido la medalla de oro en la Exposición Universal de París en 1867, terminaron decidiéndose por ella.

La base del complejo escultórico de cada fuente se encuentra integrado por dos figuras masculinas (un joven y un anciano) sentadas, conocidos tradicionalmente como Neptunos, e intercaladas, dos figuras femeninas, también sentadas, denominadas Náyades. Desde la base se elevaba una columna artística que sostenía un plato ornamentado con delfines, separados por resetas vertederas. En la prolongación de la columna se encuentra una ronda infantil, en la que se apoya otro plato (de menor tamaño que el anterior). En la parte superior se encuentra un vertedero decorado con cabezas de peces. El estilo corresponde al Renacimiento italiano, siendo el juego de platos dobles, la columna como eje central y la ronda de figuras de menor tamaño, elementos captados de la Fuente de Venus de la Villa La Petraiea, modelada por El Tríbolo.

Una de las fuentes fue ubicada cerca de la Recova, y la otra en las cercanías del Cabildo. Se encontraban protegidas por rejas asentadas en un diseño octogonal, colocándose un farol en cada ángulo. Éstas fueron recibidas con críticas entre otras razones porque al carecerse de agua corriente las mismas permanecían secas, sirviendo sólo de adorno. Un actor cómico de la época llamado Carbonelli solía burlarse al respecto repitiendo:

Las fuentes de la Plaza de la Victoria lloran la gloria. ¡Aguas corrientes! Si nos dejáis el barro llevaos las fuentes.

Posteriormente fueron retiradas, primero la que estaba cerca del Cabildo y años más tarde, después de haber sido trasladada más al oeste dentro de la misma plaza, la otra. Colocadas separadamente en distintos lugares de la ciudad fueron instaladas finalmente en la mencionada intersección de 9 de julio y Córdoba.

En 1882 se propuso reemplazar los paraísos plantados por Pueyrredón por palmeras. Hubo muchas discusiones con respecto a este cambio, el Concejo Deliberante de la Municipalidad (órgano legislativo de aquel entonces) se opuso al mismo. Domingo Faustino Sarmiento, que cuando gobernó las había hecho plantar en el por él creado parque de Palermo, fue uno de los que defendieron la medida propuesta por el Intendente Alvear y finalmente el reemplazo se concretó con palmeras traídas de Río de Janeiro.

En 1889 se le elevó su nivel bordeándola con tres escalones de piedra y se cerró la calle Defensa que la atravesaba para formar un gran óvalo con la idea de colocar en él un Monumento a la Independencia.

Obras de reforma según el diseño de Thays, (1894).

El 9 de julio de 1894 se inauguraron la Avenida de Mayo y la remoledación realizada por el ingeniero Carlos Thays a la plaza. El paisajista volvió a igualar el nivel del terreno de la plaza con el de las calles que la circundaban. Además la modificó dándole un diseño en cruz, de manera que la prolongación virtual de la calle Defensa hacía de crucero y la continuación de la Avenida de Mayo hacía de transepto. Thays hizo trasplantar algunas de las palmeras llevándolas al Parque 3 de Febrero y a su vez hizo traer de éste algunos árboles plátanos (Platanus × acerifolia). También renovó los canteros, placas y rejas. Para este entonces ya se había inaugurado el alumbrado eléctrico. La nueva Avenida de Mayo une desde entonces a la plaza homónima con la Plaza del Congreso; e integran junto con sus alrededores lo que es denominado el eje cívico o histórico de la ciudad. De esta manera la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo, y el Congreso Nacional, sede del legislativo, quedan en los extremos de la arteria y son visibles desde la plaza. En el día inaugural el foco del acorazado Almirante Brown presidió el festejo en la Plaza de Mayo, cuyas fuentes se transformaron en pagodas chinescas.

https://es.wikipedia.org/wiki/Plaza_de_Mayo

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