Laura. Vida y militancia de Laura Carlotto, María Eugenia Ludueña

La historia de Laura Carlotto jamás contada. Edición corregida y aumentada

“Soy la mamá de Laura. La primera hija, la soñada, la querida, la esperada, igual que los otros tres que vinieron después. Pero ella fue algo especial por la vida que vivió: una vida corta, intensa, con mucho contenido. Vivió apurada, empapándose de su tiempo. Estaba atenta a aprender de cada momento, de cada lectura, de todo lo que la ayudara a pensar, hacer y participar. Entregó su vida por un ideal, por un compromiso con su pueblo”, dice Estela de Carlotto. Su hija mayor, Laura, fue secuestrada y desaparecida en noviembre de1977, a los veintidós años.

 

 

El escenario es la ciudad de La Plata, en los turbulentos años 70. Laura Carlotto es una más de los tantos jóvenes que empiezan a militar políticamente, con la convicción de que la revolución puede suceder mañana y que el sueño de una sociedad más justa está a la vuelta de la esquina. Hermosa e independiente, sensible y decidida, Laura y su compromiso político cambiarán para siempre nuestra historia: a partir de su desaparición y su asesinato en 1978, y de que el hijo que llevaba en su vientre fuera robado por la dictadura, Estela de Carlotto se convertirá en el máximo referente de los derechos humanos en la Argentina como presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.

La vida de Laura es también la crónica de una generación contada en la voz de sus protagonistas: a través de los testimonios inéditos de la familia Carlotto, de las amigas de juventud y de sus compañeros de militancia; a través del relato de los hombres que la amaron y de los compañeros que la respetaron cuando estaba en cautiverio, María Eugenia Ludueña reconstruye toda una época.

La autora narra la historia de Laura como nunca se contó: desde que era sólo un sueño para sus padres hasta hoy, a un año de que Ignacio Guido, su hijo, recuperara su verdadera identidad. Y nos transporta, como si estuviésemos allí, a esa época acelerada en la que La Plata era un hervidero de sueños de juventud, cuando todo parecía a punto de cambiar. Entre la investigación histórica y el testimonio, con maestría y sensibilidad, María Eugenia Ludueña indaga la vida y la militancia de Laura Carlotto y pinta a través de su historia el fresco de una época que hoy nos interpela de manera más intensa que nunca.


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EL ABISMO, ROBERTO NAVARRO

Relato en primerísima persona de cómo hizo Macri para desmantelar en pocos meses de gestión las conquistas sociales y los logros del Estado de bienestar reconstruido durante el kirchnerismo.

 

 

Censura. Tarifazo. Desempleo. Endeudamiento. Represión. Corrupción. Persecución judicial, linchamiento mediático… Desde que llegó al poder, el gobierno conservador de Mauricio Macri aumentó salvajemente la desigualdad entre ricos y pobres.

Roberto Navarro escribe para quebrar el cerco periodístico que busca acallar las críticas y para denunciar las funestas consecuencias sociales, económicas y políticas de una gestión que favorece solo a una elite sin reglas que se maneja a base de amistades y pactos.

Con valentía y claridad, el autor revela de modo descarnado y como nadie hasta ahora, lo que realmente piensan los empresarios, jueces y funcionarios que deciden el destino de todo un país.

El Abismo es un documento fundamental para evaluar con serenidad la Argentina de los últimos años, entender la dimensión del cambio actual y evitar que el destino sea otra vez la dramática condena a la exclusión de millones de argentinos.


https://m.casadellibro.com/ebook-el-abismo

 

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Articuentos completos, Juan José Millás

Reunidos por primera vez, en una sola edición revisada, todos los articuentos de Juan José Millás

 

Por fin los articuentos completos de Juan José Millás, ese género de su invención que define como «crónicas del surrealismo cotidiano dosificadas en perlas». Y con ellos llega el sobresalto y la carcajada provocados por la irrupción de lo inaudito en una realidad que conocemos bien… o eso pensábamos. Si el más exhaustivo de los archivos gastronómicos tuviera un equivalente literario, se parecería a este libro. Los articuentos resucitarán tu matrimonio, con ellos oirás el viento de tu historia personal cuando vayas a buscar hielo durante una fiesta y, al ir a dormir, mirarás de reojo tu ropa en el galán de noche, por si acaso…¿Para qué sirve un articuento? Para reavivar el lenguaje, para ensayar nuevas fórmulas entre la realidad y la ficción, para escapar del letargo, para renovar el ojo crítico, la mente abierta y larisa aparentemente fácil… Para buscar la verdad y encontrarla. Pero, sobre todo, para hacerse adicto a ese mundo paralelo quesólo el maestro Millás es capaz de vislumbrar.

«El mejor Millás: ocurrente, descabellado, familiar e inquietante. Siempre inconfundible.», J. A. MASOLIVER RÓDENAS, Cultura/sLa Vanguardia.

«Juan José Millás es, hoy por hoy, el único escritor que puede hacernos sentir como la primera vez que nos zambullimos en la Alicia de Lewis Carroll», Cambio 16.


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Verdaderas historias extraordinarias, Adolfo García Ortega

Cuentos reunidos

Los cuentos completos de uno de los autores más reconocidos por la crítica.

Nada es ajeno a estos cuentos: la alta cultura y el mundo más sórdido de las cloacas, el reportaje literario y el relato más emocionante, la biografía insólita y la recreación histórica, los celos y las pasiones se dan la mano con lo maravilloso y fantástico. Unas historias que abarcan desde personajes reales de siglos anteriores hasta el mestizaje de vidas y razas en el Madrid actual, y que recorren un abanico insospechado de situaciones.
Libros de cuentos hay muchos; pero solo unos pocos deslumbran. Como los de sus maestros Poe, Onetti o Cortázar, estos relatos guardan en su interior ese fogonazo que los dota de vida y genera fascinación al leerlos. Y es que, como dice Antonio Muñoz Molina: «Adolfo García Ortega depara siempre al lector un efecto luminoso.»


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Argentina desde el aire, EL MEJOR PAIS PARA VIAJAR

 

Café Majestic

El Majestic es un café histórico situado en la Rua de Santa Catarina, en la ciudad de Oporto, en Portugal.

Su relevancia proviene tanto del ambiente cultural que lo envuelve, en particular la tradición del café tertulia, donde se encontraban varias personalidades de la vida cultural y artística de la ciudad; así como también de su estilo arquitectónico modernista. En 2011, fue considerado el sexto café más hermoso del mundo.

 

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Alfonsina Storni, Dos palabras

 

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras
Que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
Moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras
Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
Tan dulces y tan mansas
Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas
Que nerviosos, mis dedos,
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
Cortar estrellas.

 

Alfonsina Storni, ¡Adiós!

 

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán…
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón… silencia!… ¡Cúbrete de llagas!…
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!…
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! …

Alfonsina Storni, Dolor

 

 

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar…

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Jorge Luis Borge, Amorosa anticipación

 

 

 

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.

Jorge Luis Borges, Alhambra

 

 

Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas,
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros,
grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.

Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.

 

Alfonsina Storni, DUERME TRANQUILO

 

 

 

Dijiste la palabra que enamora
A mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar sereno
Y hermoso el rostro tuyo a toda hora.

Cuando encanta la boca seductora
Debe ser fresca, su decir ameno;
Para tu oficio de amador no es bueno
El rostro ardido del que mucho llora.

Te reclaman destinos más gloriosos
Que el de llevar, entre los negros pozos
De las ojeras, la mirada en duelo.

¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al mundo hizo la espada fatua
De algún bárbaro rey Y tiene estatua.

Alfonsina Storni, Un Sol

 

 

Mi corazón es como un dios sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida…
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

Alfonsina Storni, ALMA DESNUDA

 

 

 

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al inviemo que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
Con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia,
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega,

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

Alfonsina Storni, LA INVITACIÓN AMABLE

 

 

Acercate, poeta; mi alma es sobria,
de amor no entiende -del amor terreno-
su amor es mas altivo y es mas bueno.

No pediré los besos de tus labios.
No beberé en tu vaso de cristal,
el vaso es frágil y ama lo inmortal.

Acercate, poeta sin recelos…
ofréndame la gracia de tus manos,
no habrá en mi antojo pensamientos vanos.

¿Quieres ir a los bosques con un libro,
un libro suave de belleza lleno?…
Leer podremos algun trozo ameno.

Pondré en la voz la religión de tu alma,
religión de piedad y de armonía
que hermana en todo con la cuita mía.

Te pediré me cuentes tus amores
y alguna historia que por ser añeja
nos dé el perfume de una rosa vieja.

Yo no diré nada de mi misma
porque no tengo flores perfumadas
que pudieran asi ser historiadas.

El cofre y una urna de mis sueños idos
no se ha de abrir, cesando su letargo,
para mostrarte el contenido amargo.

Todo lo haré buscando tu alegría
y seré para ti tan bondadosa
como el perfume de la vieja rosa.

La invitación esta….sincera y noble.
¿Quieres ser mi poeta buen amigo
y solo tu dolor partir conmigo?

Alfonsina Stornim, Lo inacabable

 

 

No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.

Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!

Alfonsina Storni, Retrato de García Lorca

 

 

Buscando raíces de alas
la frente
se le desplaza
a derecha
e izquierda.

Y sobre el remolino
de la cara
se le fija,
telón del más allá,
comba y ancha.

Una alimaña
le grita en la nariz
que intenta aplastársele
enfurecida…

Irrumpe un griego
por sus ojos distantes.

Un griego
que sofocan de enredaderas
las colinas andaluzas
de sus pómulos
y el valle trémulo
de su boca.

Salta su garganta
hacia afuera
pidiendo
la navaja lunada
de aguas filosas.

Cortádsela.
De norte a sud.
De este a oeste.

Dejad volar la cabeza,
la cabeza sola,
herida de ondas marinas
negras…

Y de caracolas de sátiro
que le caen
como campánulas
en la cara
de máscara antigua.

Apagadle
la voz de madera,
cavernosa,
arrebujada
en las catacumbas nasales.

Libradlo de ella,
y de sus brazos dulces,
y de su cuerpo terroso.

Forzadle sólo,
antes de lanzarlo
al espacio,
el arco de las cejas
hasta hacerlos puentes
del Atlántico,
del Pacífico…

Por donde los ojos,
navíos extraviados,
circulen
sin puertos
ni orillas…

Alfonsina Storni Queja

 

 

Señor, mi queja es ésta,
Tú me comprenderás;
De amor me estoy muriendo,
Pero no puedo amar.

Persigo lo perfecto
En mí y en los demás,
Persigo lo perfecto
Para poder amar.

Me consumo en mi fuego,
¡Señor, piedad, piedad!
De amor me estoy muriendo,
¡Pero no puedo amar!

Jorge Luis Borges, La prueba

 

 

Del otro lado de la puerta un hombre
deja caer su corrupción. En vano
elevará esta noche una plegaria
a su curioso dios, que es tres, dos, uno,
y se dirá que es inmortal. Ahora
oye la profecía de su muerte
y sabe que es un animal sentado.
Eres, hermano, ese hombre. Agradezcamos
los vermes y el olvido.