Jesús de Nazaret: Os contaré un cuento…

Un cuento de Jesús

 

Caballo de Troya 6, Hermon. Pág. 484

Jesús de Nazaret:
Os contaré un cuento…

 

-Os contaré un cuento… Hace tiempo, mucho tiempo, el gran Dios encomendó a uno de sus Hijos la creación de un nuevo universo. Y ese Hijo construyó un magnífico reino, repleto de estrellas y mundos. Era un universo inmenso.
»Y aquel Hijo gobernó con amor y sabiduría durante miles y miles de años.
»Pero ocurrió algo…
»Cierto día, en una apartada región, varios de los príncipes a su servicio, jefes de otros tantos mundos, decidieron rebelarse contra la autoridad del Hijo y soberano. No creyeron en su forma de gobierno e incitaron a otros príncipes próximos a manifestarse contra lo establecido. E intentaron formar su propio reino, rechazando al monarca y, en definitiva, al gran Dios.
»EL Hijo, echando mano del amor y la misericordia, trató de restablecer el… »Hace tiempo, mucho tiempo, el gran Dios encomendó a uno de sus Hijos la creación de un nuevo universo. Y ese Hijo construyó un magnífico reino, repleto de estrellas y mundos. Era un universo inmenso.
»Y aquel Hijo gobernó con amor y sabiduría durante miles y miles de años.
»Pero ocurrió algo…
»Cierto día, en una apartada región, varios de los príncipes a su servicio, jefes de otros tantos mundos, decidieron rebelarse contra la autoridad del Hijo y soberano. No creyeron en su forma de gobierno e incitaron a otros príncipes próximos a manifestarse contra lo establecido. E intentaron formar su propio reino, rechazando al monarca y, en definitiva, al gran Dios.
»EL Hijo, echando mano del amor y la misericordia, trató de restablecer el orden. Fue inútil. Los rebeldes, empeñados en el error, despreciaron todo intento de reconciliación.
«Finalmente, ese Hijo divino tomó una decisión: viajaría de incógnito hasta los lejanos mundos de los infractores, haciéndose pasar por tan modesto carpintero. Escogió uno de los planetas y allí nació como un hombre más. Y así vivió, sujeto a la carne, y enseñando la verdad a las gentes. Les mostró quién era en realidad el gran Dios. Habló del espléndido futuro que les aguardaba y, sobre todo, recordó que eran hijos de ese maravilloso Padre.
»Pero la fama de aquel Hombre-Dios terminó llegando a oídos de los príncipes rebeldes. Y sucedió que, en cierta ocasión, cuando el carpintero oraba en lo alto de una montaña nevada, dos de los traidores se presentaron ante él, sometiéndolo a toda clase de preguntas.
-«¿Quién eres…? ¿Cómo te atreves a hablar de ese Dios?… ¿Quién te envía?»
Por último, convencidos de que se hallaban ante el Hijo y soberano del universo, le hicieron una proposición:
-¡Únete a nosotros!
Y el Hijo replicó:
-«Hágase la voluntad del Padre.»
Los rebeldes, derrotados, se retiraron. Y todo el universo, pendiente de aquella entrevista, elogió la misericordia del Hijo y soberano.
Desde entonces, el Dios disfrazado de hombre y carpintero ostentaría también el título de Príncipe de la Tierra.

 

Rafael Sanzio, 1502-1503


Terminada la historia, el Maestro descendió a los detalles, revelando algo que, con el paso de los siglos, resultaría igualmente deformado. Esto fue lo que acertamos a intuir: Tiempo atrás, mucho tiempo atrás, en una minúscula región de su universo (en la nuestra), tuvo lugar una insurrección, más o menos similar a la expuesta en el cuento. Mejor dicho, en el supuesto cuento.

Un viejo conocido de los humanos -Luzbel-, jefe de esa casi insignificante parcela de la galaxia, se alzó contra el orden establecido, protestando por el largo camino exigido para llegar al Paraíso. Al parecer, calificó esa «marcha» de «fraude total», dudando, incluso, de la existencia de Ab-bá. La rebelión, sin embargo, no alcanzó excesivo éxito. Sólo 30 o 40 mundos la secundaron.
La Tierra fue uno de ellos.
Pues bien, no deseando acudir a métodos más severos -a los que tenía legítimo derecho-, el magnánimo Hijo Creador de este universo optó por encarnarse y «camuflarse» entre las más modestas de sus criaturas. Justamente entre las que habitaban en uno de esos mundos en rebeldía. Y se hizo hombre. Y vivió como tal, anunciando a los infelices súbditos de los príncipes rebeldes dónde estaba la verdad y quién era Ab-bá.
Pero la naturaleza divina del humilde carpintero no pasó desapercibida para
los jefes planetarios que encabezaban la insurrección. Y dos de ellos -un alto representante de Luzbel y el propio príncipe del mundo seleccionado por el
Hijo divino- acudieron a su presencia. Y lo hicieron en aquellos días de septiembre y en aquel lugar. Ésta, probablemente, fue la razón del súbito ensombrecimiento del Hijo del Hombre cuando se alejó del mahaneh. Él sabía lo que le aguardaba en la soledad de los ventisqueros. Sabía que estaba a punto de ofrecer una nueva oportunidad a sus hijos descarriados.
Y se sometió, dócil, a los interrogatorios y proposiciones. Pero, como decía el «cuento», sólo se sometió a la voluntad de su Padre. Por último, estos seres no materiales -creados por el propio Hijo divino en luz y perfección- se retiraron derrotados.
Y el universo de Jesús de Nazaret -según sus palabras- asistió perplejo y conmovido a la «batalla dialéctica».
En esos momentos y sigo transmitiendo sus explicaciones-, el Hijo del Hombre, por expresa voluntad de Ab-bá, fue investido como Príncipe de este mundo. Un título especialmente importante, según Él.
A partir de ese suceso -afirmó-, la rebelión quedó «lista para sentencia». Al rechazar, una vez más, su misericordia, la suerte de todos ellos depende ahora de «otras instancias». Y así sigue.
Esto, ni más ni menos, fue lo acaecido en el Hermón en aquellos días. Unas jornadas trascendentales en las que, no obstante, no llegamos a percibir nada extraño, salvo la ya referida y grave actitud del Maestro. La explicación era simple: esa «batalla» no se desarrolló a nivel físico. En otras palabras: aunque lo hubiéramos acompañado a los ventisqueros, nada habríamos visto, ni tampoco oído…
Como decía, no fue fácil asimilar tan intrincadas y misteriosas explicaciones.
Lentamente, sin embargo, iríamos divisando una «luz» que centraría el espinoso problema y, sobre todo, que despejaría otras no menos interesantes incógnitas.
Por ejemplo, según el Maestro, una de las razones de la violencia y primitivismo de la tierra hay que buscarla, justamente, en las consecuencias de esa desgraciada rebelión. Al traicionar las leyes divinas, nuestro mundo, como el resto de los planetas que se levantó contra Ab-bá, quedó automáticamente incomunicado y sumido en la oscuridad y la barbarie. Y, «técnicamente», así continúa. Sólo cuando la «cuarentena» sea levantada, la humanidad esta infeliz humanidad- recuperará la normalidad. Naturalmente, le preguntamos: ¿cuándo llegará ese venturoso día? La res puesta fue rotunda:
-Cuando los rebeldes sean juzgados… Pero eso no está en mis manos.
Lo que sí estaba al alcance del Hijo del Hombre era consolar e iluminar a las criaturas que padecen -y padecerán- este aislamiento. Y escogió uno de esos mundos en rebelión, sembrando la semilla de la esperanza: Ab-bá existe. Ab-bá espera. Ab-bá os ama… Lamentablemente, estos acontecimientos, registrados, como digo, en septiembre del año 25, no fueron bien entendidos por los últimos seguidores del rabí de Galilea. Tal y como verificaríamos más adelante, Jesús los detalló con toda la claridad de que fue capaz. Sin embargo, fueron tergiversados. Salvo Juan, que no los menciona, los evangelistas y Pablo de Tarso (Hebreos, 2-14) terminarían confundiendo asunto y escenarios, ubicando el encuentro del Maestro con los rebeldes (el Diablo) al otro lado del río Jordán, tras el bautismo por Juan, el Anunciador. Del Hermón, ni palabra. De la trascendental y definitiva toma de conciencia, por parte del Hijo del Hombre, de su naturaleza divina, ni palabra. De sus intensas comunicaciones con Ab-bá en la cumbre de la montaña sagrada, ni palabra. En suma: otro desastre literario de los su-puestos escritores sagrados…
Como espero tener ocasión de relatar, lo sucedido en el célebre «desierto», tras el bautismo en el Jordán, fue mucho más importante que lo narrado por los evangelistas. Y lo adelanto ya: en dicho retiro no hubo tentación alguna…
Creo haberlo mencionado. El Hijo del Hombre fue tentado, sí, pero no por el Diablo. Lo ocurrido en el Hermón no fue una tentación propiamente dicha. Fue un acto de amor. Otro más de aquel magnífico Hombre…
Y llegó el final de nuestra estancia en las cumbres de la Gaulanitis. Esa noche, cercano el lunes, 17 de septiembre, antes de retirarnos a descansar, Jesús de Nazaret dio una última orden:
-Preparaos. Mañana partiremos. La hora del Hijo del Hombre está próxima… Y así fue. Su hora -la de su vida pública- se acercaba. Y estos exploradores fueron testigos de excepción.
Sí, la aventura acababa de empezar…


Caballo de Troya 6 Hermon

JJ BENITEZ

 

En esta nueva entrega J. J. Benítez, adentrará en capítulos que fueron sospechosamente silenciados por los evangelistas. Apariciones de Jesús de Nazaret tras su resurrección, primer cisma entre los discípulos, análisis del ADN… Un libro duro, valiente y tierno en el que el Hijo del Hombre aparece de nuevo, fascinando con sus palabras y su irresistible humanidad.

 

 


https://www.planetadelibros.com.uy/libro-caballo-de-troya


J. J. Benítez

Pamplona, España, 1946

En 2016, Juanjo Benítez cumplió setenta años de edad. En 2016 hizo cincuenta años en el periodismo. En 2016 rebasó los cuarenta años en la investigación. Ha publicado sesenta libros, pero sigue siendo una incógnita para muchos lectores. ¿Quién es realmente el autor de Caballo de TroyaGog desvelará un Juanjo Benítez que usted no imaginaba.

 

 

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